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La riqueza del mar no es infinita

La sobreexplotación pesquera y otras actividades marítimas ponen en peligro la conservación del medio marino y de la biodiversidad de las especies
La riqueza del mar no es infinita
Imagen: La sobreexplotación pesquera necesta límites. UValencia
Autoría: Marc Riera Garcia

11/12/22 - VALENCIA. La pesca es una de las actividades que más dañan la biodiversidad marina y los medios donde se reproducen las especies. La "sobreexplotación pesquera" es una de esos conjuntos de palabras que a medida que han pasado los años se nos ha grabado en la cabeza sin saber ciertamente donde lo hemos escuchado. Esta sobrepesca significa básicamente que la captura de peces es mayor y mucho más rápida de lo que está recomendado, por lo que las especies no se reproducen con la velocidad suficiente para abastecer esta necesidad. Los recursos del medio marino son limitados.

Este mes de diciembre la FAO (Food and Agriculture Organization), un departamento de las Naciones Unidas, ha publicado el informe anual de 2022 de El estado mundial de la pesca y la acuicultura. En el informe se ha incluido un apartado en el que ha colaborado la CGPM (Comisión General de Pesca del Mediterráneo) donde se ha resaltado la mejora que se vive en la pesca del Mar Mediterráneo y del Mar Negro. Según el informe la explotación pesquera ha vivido la bajada más grande del último decenio. Sin embargo, alrededor del 73% de las especies marinas comerciales siguen sobreexplotadas y la presión pesquera, aunque se haya reducido, duplica los números de lo que sería una práctica sostenible.

La bajada es considerable comparado con el año pasado que, según la organización ecologista Greenpeacela sobreexplotación pesquera afectó el año pasado al 90% de las especies del Mar Mediterráneo. Aunque haya bajado la cifra, el Mar Mediterráneo sigue siendo, y desde hace ya casi 5 años, el mar más explotado del mundo. Esta situación, junto a que este verano se han cifrado récords históricos en el a temperatura del mar, pone al Mediterráneo contra las cuerdas. 

Imagen: Pesca en las costas Mediterráneas. FAO.

A nivel mundial el panorama también deja grandes faltas de control y de sostenibilidad en la pesca. Según la FAO, la pesca de captura, a pesar de que ha descendido un 5,1% el número de capturas totales, se han obtenido 11,5 millones de toneladas de las cuáles el 85% son peces. Como califica el propio informe, la pesca se sigue situando en "niveles históricamente elevados". La gran mayoría de estas capturas se producen por embarcaciones asiáticas, donde destaca por encima de todo China, el país con más pesca del mundo y que supone una amenaza directa a la sostenibilidad.

Gráfica: Producción mundial de pesca de captura y acuicultura. FAO.

Todos estos números tan elevados van ligados directamente a la superpoblación  en el mundo, el cual sigue creciendo, al igual que el número de toneladas de peces que deben utilizarse para abastecer a toda la población. La FAO para intentar mitigar y controlar la explotación, creó la denominada "Transformación azul", con la intención de crear un sistema pesquero y de acuicultura que respete más el medio marino y sea sostenible. 

La Transformación azul tine como objetivo abastecer a toda la población, intentando que la gran mayoría de pescado que se consuma sea procedente de la acuicultura y no de la captura. De esta manera, el control sería mayor y el impacto medioambiental descendería, para un consumo de pescado que se espera que para 2030 ascienda un 15% gracias al aumento de la acuicultura. Por otro lado, el objetivo de esta transformación es una mejora en la ordenación pesquera que vaya acorde con la reproducción de las especies y que año tras año se reduzca la captura. Lo que se pretende es que la gran mayoría de empresas de pesca evolucionen a empresas acuicultoras.

Esto es una estrategia de diseñada para la sostenibilidad a largo plazo pero, a pesar de los esfuerzos, hoy en día parece casi imposible que se pueda llegar a esos niveles debido al gran repercusión y cambios económicos que pueden generar. La inversión que supone para los gobiernos esta transformación hace que se aleje de la realidad. Además, hay una gran falta de regulación de la pesca en algunos de los países donde más se capturan especies, sobre todo de Asia y África, que dificultan aún más este proyecto.

 

Imagen: Un pescador trata de desencajar los atunes capturados congelados por una embarcación China. National Geographic.

La pesca y la acuicultura representan alrededor del 4% del PIB mundial. En 2020 la pesca y la acuicultura alcanzó un récord histórico de 214 millones de toneladas, que comprendían 178 millones de toneladas de animales acuáticos y 36 millones de toneladas de algas alimentos acuáticos. De esta cantidad, 90,3 toneladas provenían de la pesca de captura, con un valor de 141.000 millones de USD (dólares estadounidenses), y el restante, 122,6 millones de toneladas proveniente de la acuicultura, por un valor de 280.000 millones de USD

El Banco Mundial, estima que el sector tiene un total 58,5 millones de trabajadores. De este número, tan solo el 35% se dedican a la acuicultura y actualmente hay alrededor de 4,1 millones de embarcaciones de captura de especies. En estos números se puede ver como la transformación promovida por FAO sigue siendo ineficaz, ya que la gran mayoría del sector se dedica a la pesca de captura. Sucede esto, entre otras razones, porque es mucho más cara la crianza de especies, aunque genere a largo plazo más beneficio, que la captura de ellas a través de redes.

La sobreexplotación pesquera es una evidencia que los gobiernos dejan de lado muchas veces en sus países, y que tienen una gran repercusión en el cambio climático mundial. Cómo se destaca en el informe de la Naciones Unidas la pesca es uno de los comercios alimenticios que más dinero genera a nivel mundial y se prevé que aumente conforme pasen los años, el problema es que el cambio hacia una pesca y una acuicultura más sostenible es demasiado lenta.

La famosa película que triunfó a finales de 2021 Don't look up, la podemos traer a la realidad marina. Los intereses económicos y gubernamentales están por encima de lo que la ciencia ya lleva años hablando. En 2006 la revista Science ya publicó una investigación donde se explicaba que, si no se revertía esta situación de sobreexplotación, en aquel entonces menor que la de ahora, para el 2050 se habrán extinguido la mayoría de especies marinas.

La pesca que más perjudica

La pesca de arrastre es una de las prácticas más utilizadas por las embarcaciones de captura, un 40% del total la utilizan. Por su parte, es la que más perjudica a la biodiversidad y el lecho marino. Es un método no-selectivo que se utiliza para capturar peces e invertebrados marinos. Básicamente las embarcaciones lanzan redes desde la borda de su barco y las arrastran a través del agua o el lecho marino.

Vídeo: Explicación visual de cómo funciona la pesca de arrastre. Greenpeace.

Podemos diferenciar entre la práctica de arrastre a media-agua y la práctica de arrastre de fondo. La primera se utiliza para capturar a especies que se encuentran en columnas de agua y esta no afecta al fondo marino. En cambio, la segunda son redes muy pesadas con engranajes que se arrastran por el fondo marino para capturar peces e invertebrados que viven sobre él o en sus cercanías. Esta práctica sí que afecta al ecosistema marino de forma mucho más dañina y con un impacto a largo plazo que afecta a la reproducción de las especies.

Imagen: Delfín muerto por las redes de arrastre en la costa de Almería. Promar (Asociación para la Defensa de la Fauna Marina).

Además de afectar al lecho marino, ambas prácticas tienen como consecuencia lo que se llama "pesca incidental". Las redes capturan absolutamente todo lo que tengan por delante, lo que produce que se capturen especies que no tienen ningún beneficio comercial en el mercado alimenticio. Lo que sucede, es que al recoger las redes, en el barco se hace un procedimiento de selección, donde estas especies pescadas de manera incidental son arrojadas al mar, normalmente ya muertasEstas especies, como la tortuga o el delfín, no tienen un interés alimenticio, pero sí que tienen un papel clave en la biodiversidad y el ecosistema marino. La práctica de fondo arrasa todo tipo de algas, corales y fitoplancton marinos dejando a su paso un "desierto subacuático".

"La pesca no es lo que era, antes llagábamos cada día con las embarcaciones hasta arriba de pescado, ganábamos mucho dinero. Ahora da para vivir y poco más"

Michel Letellier es un canadiense que vive en Dénia desde los 12 años. Es pescador de la lonja de Dénia desde hace más de 30 años y sale con la embarcación cada día de lunes a viernes a las 3:30h de la madrugada. La pesca de Dénia se realiza con unas redes fijas en unos sitios estratégicos que cada barca tiene durante un par de horas, no son tan abusivas como la pesca de arrastre y además tienen limitados los kilos diarios que se pueden pescar por embarcación.

"Antes esto era un descontrol, se pescaba y se desechaba muchísimo pescado. Era tan exagerado que en la época de crianza del atún rojo que pasa por aquí (Cabo de San Antonio), se pescaba tantísima cantidad que regalaban los atunes que pesaban menos de 50kg. Era una barbaridad. Por eso estamos como estamos", contaba Letellier. Ahora en Europa y en países como España el coto de pesca está más reducido y controlado.

En muchos otros países, en alta mar y aguas internacionales el panorama es distinto. Un estudio realizado por el Centro Johns Hopkins explica que los comercios y los consumidores estadounidenses descartan cada año 600.000 toneladas de pescado, es decir, casi la mitad de las existencias que se distribuyen. A esto sumamos que, según datos de la FAO, el 25% de lo pescado, unas 27 millones de toneladas anuales, se tira por la borda al no ser especies comerciales. La industria pesquera sigue produciendo mucho más de lo necesario y con métodos poco selectivos.

La pesca no es lo único que daña el mar

Alrededor del 90% del comercio mundial se realiza por mar, a través de buques mercantes de unas dimensiones gigantescas. Estos medios de transporte utilizan carburantes fósiles que emiten dióxido de carbono, azufres y otros elementos que contaminan el mar y lo acidifican. La industria naval es una de las cabecillas responsables del cambio climático con más del 3% de las emisiones globales de CO2 a sus espaldas. Si englobáramos el transporte naval cómo un país y lo comparáramos, nos saldría como el sexto país más contaminante del mundo, por detrás de Estados Unidos, China, Rusia, India y Japón.

Vídeo: Ever Alot el buque de carga activo más grande del mundo. Puerto de Rotterdam.

La OMI (Organización Marítima Internacional) estimó en 2007 que los 15 buques de carga más grandes del mundo contaminaban más que 760 millones de automóviles en un año. Además, según la legislación establecida por la OMI, los cargueros tienen permitido contaminar 3.500 veces más que cualquier vehículo de transporte terrestre en la Unión Europea, la zona con más controles de emisión de CO2 el mundo. Estos cargueros sueltan a su paso combustible, azufres, metales pesados y muchos otros contaminantes que afectan al cambio climático y a la salud de los mares y océanos.

La náutica deportiva se suma a la lista de actividades que generan un perjuicio al mar. La salida al mar con embarcaciones de recreo motorizadas es una actividad atractiva y turística que se practica en las zonas costeras. En los últimos años, a raíz de la pandemia, los alquileres de embarcaciones para particulares se han incrementado según la ANEN (Asociación Nacional de Empresas Náuticas). Estos alquileres se realizan en zonas donde hay parques naturales y zonas con mucha biodiversidad para visitar, y los barcos son la única manera de llegar hasta estos sitios.

Este tipo de barcos arrojan hidrocarburos, muchas veces por mal uso, y otras por drenajes para la seguridad del barco que contaminan a su paso. Por otro lado, el incumplimiento de normas para el vertido de aguas sucias y drenajes no se respeta. La normativa marca una distancia concreta para cada tipo de embarcación de dónde se deben verter estos residuos, normalmente en alta mar y fuera de zonas protegidas. Sin embargo, esto supone un gasto extraordinario para las empresas o dueños de barcos de recreo, ya que normalmente son distancias bastante alejadas de los puertos, y acaban los vertidos en zonas protegidas.

Vídeo: Ballenas en la costa de Dénia acosadas por embarcaciones de recreo. La Vanguardia.

La contaminación acústica también es un gran peligro para las especies. El ruido de los motores, ya sean de recreo, pesca o buques, hace que las especies alteren su estado bilógico, llegando a afectar incluso a su reproducción. La migración de ballenas es un ejemplo clásico. El ruido de los motores puede llegar a alterar los rumbos migratorios de este animal, llegando a desorientarlas y que queden varadas por accidente. La normativa de la Marina Mercante dicta que cualquier embarcación debe mantener la distancia de 100 metros cuando se avisten ballenas. Es una de las especies con más importancia biológica de los océanos.

Los océanos ocupan un 70% de la superficie terrestre y tienen funciones esenciales, como la  termorreguladora, que permiten la existencia de los humanos. Según el último estudio realizado por la NASA y la Agencia meteorológica de Estados Unidos, se ha concluido que el océano es el principal productor de oxígeno de la Tierra. A través de algas, plantas y fitoplancton se crea alrededor del 71% del oxígeno total del planeta. Los humanos dependemos por completo de los océanos y la falta de regulación y control puede autodestruirnos. 

Imagen: Fitoplancton marino, principal productor de oxígeno en el planeta. CSIC